natalia domínguez

La indiferencia estética de lo invisible
Marisol Salanova
Crítica de arte y comisaria de exposiciones

Una actitud de indiferencia estética abre el espacio de reflexión frente al trabajo de Natalia Domínguez, ganadora de la III Convocatoria de Sala d'arcs, rebosante de plenitud subjetiva e inteligentes guiños al nihilismo contemporáneo. Insumisa a la norma colectiva, en un momento en el que la tradición se halla en crisis como todo lo demás, aborda lo cotidiano inspirándose en Marcel Duchamp y los rendez-vous d'art, ahondando en la relación del artista con su obra, la pasividad y la anarquía, el heroísmo y la desmitificación del genio.

Cuando uno visita el estudio de Brancusi tal y como lo dejó a su muerte según podemos ver en la instalación en la Plaza Beaubourg delante del parisino Centro Pompidou, encuentra obras inacabadas, algunas abandonadas, esbozos, restos... pero todo forma parte de un mismo proceso. Existe un constante diálogo, una ineludible relación de unas piezas con otras, motivo por el que probablemente el artista consideró indivisible la unidad del conjunto. Del mismo modo en S/T (Composición ordenada con materiales del estudio a los que no sé qué función darles) Natalia Domínguez crea y no crea a la vez, juntando una serie de elementos con los que tropieza en su estudio y que ordenados sin una finalidad última componen la instalación principal expuesta en la Fundación Chirivella Soriano. Sin embargo a esta instalación la acompaña una imagen que forma parte de la misma y que al primer vistazo pasa desapercibida: una reproducción sobre papel de The Destroyed Room, célebre fotografía de Jeff Wall que explora la noción del estudio del artista como una búsqueda de algo firme entre el más absoluto caos.

Según declaraba Wall durante una entrevista realizada por Bea Espejo para El Cultural a propósito de su exposición The Crooked Path en el CGAC de Santiago de Compostela en 2011: "Las imágenes más interesantes son aquellas en las que lo que se ve se las arregla para sugerir lo que se excluye, donde lo latente se hace presente como invisible". Entendemos que el artista pervierte una realidad cotidiana que intenta plasmar reescribiéndola. Ficción y realidad modifican espacios y conciencias, de eso trata en definitiva la obra de Domínguez, a caballo entre la crítica tan irónica de Baldessari hacia el quehacer artístico y su propio discurso crítico hacia eso mismo. Motivada por comprender la necesidad intrínseca del ser humano por descubrir, encumbrar y mitificar, nos aproxima a un aparentemente banal paisaje ordinario. Arte es lo que hace esta artista cuando en teoría no sabe lo que está haciendo y así se titula la segunda obra que nos presenta, Esto es lo que hago cuando no sé lo que estoy haciendo, con un papel verde que tal vez remita a lo orgánico, a la naturaleza, a lo ingenuo, como una burla subversiva que rompe con la idea de que el acto creativo requiera seriedad por definición, asumiendo una compleja y ambivalente lectura.

Estas obras plasman un imaginario que nos es familiar, cercano, acentuado por el título de cada una, subrayando el lenguaje como herramienta posminimalista. La geometría buscada o azarosa, el orden, la repetición donde si nos fijamos realmente impera lo excéntrico y lo espontáneo remite quizás de refilón a la obra de Eva Hesse. Situaciones tan fugaces que son casi invisibles, que a menudo se pierden, como decía Baudelaire, en el fluir de lo cotidiano, evidenciando que el arte es una función más de la vida.

Jerez, 1990
natalia.dguez@gmail.com

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