Construido con Berta.me

  1. Dear friends from red stars
    Johanna Caplliure


    Desde hacía algún tiempo todos nos preguntábamos por qué aquel McDonald’s se había construido junto al tanatorio. Cuando atravesábamos la noche aún parecía más llamativo la incongruencia visual de los dos edificios. Uno, iluminado por la enormidad de la M del restaurante de la cadena de fast food y el otro, silueteado por las luces que emanaban de la iglesia del tanatorio y que a esas horas ya eran coloreadas por las vidrieras. Los postes eléctricos salían a nuestro paso chispeantes. Y Adrian no entendía cómo era posible que después del acontecimiento acaecido permaneciesen sin vigilancia. Hacía algo más de un año que el tendido eléctrico produjo un accidente causando la muerte de un conductor y heridos en los dos sentidos de la carretera. La prensa bajo los testimonios de los vecinos hizo presión para que el gobierno local se hiciese cargo de los desperfectos, de la indemnización de las familias heridas, así como del levantamiento de un nuevo tendido eléctrico. Aún así estos padecían continuas averías y daños en la calles sin que nadie tomase cartas en el asunto. Los cambios meteorológicos presentes en la comarca en la última década habían empeorado las condiciones no solo del tendido sino de la planta eléctrica. Pero a nadie parecía importarle suficiente. Todos parecían pendientes de otras novedades en la ciudad.

    Las tormentas fueron acompañadas de ciclones en el valle de Tucson y en los últimos años se caracterizaron por ser cada vez mayores y más violentas. De hecho, aquella zona del estado había recibido un nuevo nombre: “los campos de rayos” en homenaje al trabajo de Walter de Maria. Pero este también describía el paisaje eléctrico de los últimos tiempos. Y aunque los rayos y relámpagos solo habían dejado su huella en la ciudad a mediados del año 1985, cuando un rayo cayó sobre el Ayuntamiento y prendió fuego a este, fue suficiente para perder tras el incendio parte de las dependencias, los despachos y especialmente los archivos municipales del registro. Este accidente conmocionó a los habitantes durante algún tiempo. Siempre tuvieron presente la pérdida de una parte simbólica de su historia con la desaparición de los archivos y bases de datos. Y, pese a la construcción del emplazamiento de Pruebas de Nevada (Nevada Test Site o Nevada Proving Ground) en el estado vecino por el Departamento de Energía de los Estados Unidos, nadie advirtió cómo las alteraciones a causa de la pruebas nucleares producirían cambios en la orografía y en la atmósfera. En la corteza terrestre así como en el cielo se estaban produciendo una serie de transformaciones consecuencia de las radiaciones emitidas a lo largo de todo el sur de los Estados Unidos. Pero nadie fue capaz de percibir que esos dos acontecimientos tuviesen relación.

    Los vecinos no parecían asustarse de los relámpagos ni del cambio de sus cordilleras. Quizá porque todos tuvieran en mente la reciente creación de Walter de Maria de 1977 en Quemado y la posterior en sus propias tierras en el mismo año. Su nuevo campo de rayos, en este caso más natural que en el desierto de Nuevo México, aumentó la visita de un público de diferente índole: primero científicos, artistas, comisarios, así como figuras del mundo del arte, de la aeronáutica, la astrofísica, de la astrología e incluso personajes televisivos que tomaron el enclave de “los campos de relámpagos” como un lugar de una nueva tradición sobre lo ocultural. Pero más tarde, el valle fue recibiendo las visitas de cientos de turistas que deseaban ver aquel maravilloso paisaje. Hasta la famosa cantante danesa había filmado su videoclip Nuclear Sunbeam en aquel paraje inusual.

    Mientras De Maria había plantado unos 400 postes de acero para atraer la descarga eléctrica de una tormenta de rayos y relámpagos en Quemado, en el valle de Tucson fue muy diferente. El valle respondía a una extraña forma que se disociaba de las fabulosas tormentas eléctricas del artistas del Land Art, puesto que la tierra de Arizona estaba impregnada por una carga magnética superior por sus rocosas. Las rocas pertenecientes a vestigios de la prehistoria demostraban la conductividad de estas produciendo un sin fin de mitos navajos sobre el poder curativo y energético de aquella zona.

    En la mitología navaja del sureste de Arizona era recurrente la figura de un hombre en piedra, una estatuilla antropomórfica, como una especie de Golem amerindio que tenía el poder de curar y de aniquilar a la población. La zona de “los campos de relámpagos” de Tucson enriqueció esta mitología cuando después de la instalación de De Maria en el valle, una serie de activistas de Greenpeace animados por los estudios de geólogos vislumbraron el potencial de las piedras no solo a nivel cultual sino como recurso energético. Nada de esto tenía que ver con la herencia volcánica de Tucson, o el manantial negro – nombre en español que fue tomado para redefinir esta zona entre los activistas que defendían a los primeros habitantes de aquellas tierras. Ni con su leyenda. Ni tampoco con el interés de Walter De Maria. Ni menos todavía de las explotaciones de la sierra de Santa Catalina. Se decía que las piedras rojas eran partes de un meteorito que cayó del cielo. Y como eran rojizas, rápidamente se sugirió que procederían de Marte, el planeta rojo. Por eso, De Maria bautizó a su trabajo prospectivo Mars’ land. Y, por eso también, fueron muchos los que aprovecharon la situación para vender gemas falsas en puestos cercanos a la carreteras. Se refugiaban en que aquellas piedras eran potencialmente curativas y originarias del mundo exterior para que el negocio siguiera vigente durante décadas.

    Si el carbón había existido como recurso natural, el diamante como fuente económica o el petróleo y el plutonio como vía de poder, las rocosas del valle de Tucson eran enigmas culturales. Estas mantenían una correlación entre el carbón o el plutonio, pero además con un valor químico imposible de calibrar por los físicos y geólogos que no eran capaces de entender la herencia de estas piedras y su proximidad a las formas rocosas de los satélites naturales. También es cierto que durante algunos años el Departamento de Defensa y el Departamento de Energía instalaron una pequeña base junto al observatorio estelar. Aunque para todos era normal. “(…) estamos viviendo una hecho sin parangón. Tucson es tierra de hombre y mujeres que perdurarán más allá del polvo de estas tierras para convertirse en estrellas”. Así recitaba el discurso anual del alcalde en 1978.

    Y es que las piedras extraídas del valle eran denominadas como red stars dust (polvo de estrellas rojas). El color de ellas transitaba del rojizo al magenta según la disposición de su hallazgo. Parecían piedras venidas de las estrellas y además, estas atraían las tormentas eléctricas.

    Según el crítico de arte Joseph McCornick para ArtNews en su artículo sobre nuevos paradigmas de la belleza enigmática:

    “Existen dos espectáculos de lo sublime postmoderno: el paisaje de De Maria en su Mars’ land en el valle de Tucson, cerca de la montaña “A” y Red Star’s Love del artista francés Pierre Huyghe. Si la imagen del desolado valle nos conduce a pensar en cómo De Maria nunca pudo controlar su desafío, esta nos advierte de un mensaje que solo se desvela con el tiempo. La naturaleza aceptó el desafío del maestro estadounidense y absorbiendo de cada tormenta la fuerza eléctrica que procedía del cielo produjo un campo de rubíes. Creando un campo de brillos escarlata, las red stars dust que emanaban de la tierra siembran una bella estampa solo comparable con la soñada tierra de Marte. (…) El francés, ilustre por su relación con la ruina cultural y la resurrección de la naturaleza en un entramado de historia retro-futurista volvió a sorprendernos en el 40 aniversario de la construcción del parque de De Maria. Invitado para tal ocasión, Huyghe ha tomado el antiguo observatorio astral y en él ha ubicado una serie de piedras extraídas de las cordilleras que rodean el valle. Esas mismas piedras que centelleantes produjeron la Mars’ land son ahora las protagonistas de un nuevo drama entre la naturaleza y la historia. (…) Además, Huyghe ha contado con la colaboración del experto Adrian Stoker para determinar las relaciones conductuales entre las piedras que se exhiben. Según la tesis del astrónomo y geólogo estadounidense que asistió a Huyghe en el trabajo de campo, las red stars dust, genuinas del condado de Pina, se relacionan potencialmente bajo influjos emocionales. Es decir, cuando una piedra se aleja o se acerca a otra los tonos cambian y a su alrededor la notación energética se expande en un grado superior al que lo harían si no estuvieran cercanas. (…) Por eso, cuando Huyghe decide apilar algunas cajas de metacrilato de manera vertical, como torres, podemos observar a través de un sistema computacional cómo la energía asciende en línea generando un haz rojo hacia el cielo. Este fenómeno indica un aumento exponencial de la torre de piedras que podría llegar a expandirse hacia el universo según la hipótesis de Stoker. (…) Pierre Huyghe ha sabido conquistarnos de nuevo con el amor entre esas piedras venidas de Marte. Si bien nos encandiló con las relaciones amorosas entre lampreas y triops cancriformes en sus Zoodrams, hoy nos conduce a pensar en la eternidad de nuestros deseos. Estos parecen viajar más allá de los tiempos, de las épocas y del universo. Los amores que se dan en nuestro planeta permanecerán vivos en otras formas y en otros planetas.”

    Si la crítica de arte de los años 70’ y 80’ no se inclinó especialmente por el Mar’s land de Walter de María, podríamos decir -como hemos comprobado en 2017- que parece recobrar su máxima vitalidad a través de Pierre Huyghe. De hecho, después de la presentación de Red Star’s Love en la Tate Modern el número de visitantes en Tucson aumentó en los siguientes meses. Las sumas de dinero de ciertos museos nacionales para la conservación de la obra de De Maria fue incrementándose cuando conocieron que Huyghe estaba trabajando en este proyecto.

    Adrian Stoker vivió su niñez entre las centenares de visitas a Mars’ Land y la aventura épica del Voyager. Hasta 1977 ninguna nave espacial había llegado a alejarse tanto de la Tierra. En su infancia, Adrian había pasado largas horas mirando al cielo desde el observatorio. El observatorio astral de Tucson fue el primero que se construyó en Arizona, concretamente 6 meses después del levantamiento estructural del trabajo de Walter de Maria. Ambos proyectos: el de De Maria y el observatorio se entendieron como dos fórmulas de aunar el poder del hombre sobre la tierra y sobre el universo. Bajo esta idea el joven Stoker se vio animado a estudiar astronomía y geología. Posteriormente, volvió a Tucson donde a través de un proyecto de investigación auspiciado por el Departamento de Innovación e Investigación del Estado de Arizona remodeló el antiguo observatorio.

    El nuevo observatorio se había replanteado según las necesidades del nuevo estudio dirigido por Adrian. Este pretendía diagnosticar el estado de las piedras de Mars’ land, analizar sus orígenes, sus comportamientos y sus posibles usos. Si en sus principios las red stars dust no pudieron ser estudiadas en su complejidad, el progreso científico sí que podría darnos algunas respuestas. O al menos, así lo consideraba Adrian que había pasado toda su vida alimentando esta idea. Para él, la investigación sobre las red stars dust era el comienzo para generar una historia de las comunicaciones a partir de la geología. Y que esta trascendiera viendo en el espacio exterior su campo de intercomunicación. Hablar con las estrellas. Esta imagen venía a su mente cada día cuando en la noche volvía a casa. El paseo desde el observatorio hasta su casa se veía acompañado por el tono rojizo de la tierra que iluminaba el valle. El tendido eléctrico volvía a chisporrotear. Aquella noche Adrian miraba sonriente las piedras de la montaña. Recordaba todas aquellas ocasiones que había paseado por allí deseando ocupar el observatorio para poder entender cuál era el origen de aquel acontecimiento extraordinario. De repente, un estadillo a sus espaldas y la oscuridad en la carretera. Un poste había saltado y la luz eléctrica se había apagado en toda la zona. Adrian volvió su mirada hacia Mars’ land. Era un espectáculo maravilloso. Las luces de las piedras le reconfortaban. Un aire frío empezó a deslizarse colina abajo inundando el valle. La lluvia comenzó a atizar rápidamente. La tormenta estaba en camino y Adrian solo tenía una salida: volver al observatorio y refugiarse hasta que amainara. Aceleró el paso y cuando llegó al interior los relámpagos empezaron a caer sobre la tierra. Mars’ land atraía poderosamente la electricidad y los relámpagos se sucedían sin descanso. Estos comenzaron a caer fuertemente sobre el observatorio. Adrian temía por las consecuencias sobre este sin pensar en su vida. El cielo enmudeció y entonces un rayo entró por la claraboya del observatorio creando un haz de luz que penetraba en la torre de red stars dust construida por Pierre Huyghe. Un línea roja, perfecta, devolvía la intensidad y la fuerza al cielo. Y de repente, la nada.


    * * * 

    Saludos desde una tierra ignota.
    Las arqueologías de futuro de Natalia Domínguez.

    Toda ficción no es solo una ficción. Una ficción es un enredo de otras ficciones o una trama fantasmática sobre otra ficción1.


    Al régimen de la ficcionalidad siempre le es determinado una operación de ficción literaria o, in sensu lato, creativa –abarcando de esta manera no solo la forma literaria para la ficción, sino todas aquellas relacionadas con las artes. De esta manera, la actitud del lector –sea aquí el lector de obras, público o audiencia- es la de suspender su criterio de incredulidad. Puesto que una obra de ficción no nos va a llevar al engaño, ya que esta no tiene su amarre en la realidad. Por lo tanto, podríamos decir que la ficción es verdad dentro de su forma narrativa. Y, de esta manera, que todo acercamiento a la realidad es verdadero. Sin embargo, nos preguntamos qué sucedería con las situaciones en la que la mente genera un deseo, una imagen real sobre algo no tangible o sobre una verdad a medias. Para resolver esta cuestión o para imbuirnos en un desenlace no conclusivo nos acercamos a pensar en el arte. Cada vez son más los casos en los que las artes visuales embebidas en su disolución de las fronteras se acogen en una vivencia entre lo real imaginado y lo ficticio verdadero. Así la posverdad parecería la mejor forma de rendir cuentas definitorias ante tal situación. Donde nuestra historia social, política o económica se confunden con una serie de acontecimientos fuera de lo común que nos hacen preguntarnos desde qué lugar se cuentan las historias.

    Si ahondamos en Greetings to the audience, proyecto que Natalia Domínguez ha ido trabajando durante este último año de intensa investigación, podemos observar cómo esa disolución es totalmente implacable con nuestra historia y con nuestras formas de representacionalidad. De manera habitual, Natalia Domínguez ha ido desarrollando una práctica artística donde la investigación sobre los medios de representación en las artes visuales, el rol del artista o el lugar del público es constantemente cuestionado. En ocasiones sus trabajos pueden parecer inocentes e incluso llevarnos a una ingenua sonrisa. No obstante, el punctum de su retrato sobre el contexto artístico no es fácil de digerir. Con él nos demuestra las relaciones fraudulentas de poder, las estructuras jerárquicas o el empoderamiento de ciertos sistemas de lectura o interpretación2. Todo es mentira. Y, sin embargo, hago de una mentira una verdad. En estos procesos de identificación, uso y abuso de las imágenes y de su recepción, Natalia Domínguez se posiciona con una crítica que analiza el trasfondo de un mensaje, de una frase hecha, de una canción o de un documento visual sobre nuestra cultura.

    A veces, la verdad viene disfrazada de sinsentido. Y en ese lugar incómodo en el que uno se siente raro, Domínguez explora el papel del lector. Por eso, Greetings to the audience es un trabajo que se dirige a él, implicándolo, interpelándolo y dándole herramientas para introducirse en la exploración del conocimiento contemporáneo. Entonces, la audiencia, que no son meros espectadores, interacciona sin saber que ellos son parte de la obra. Es decir, son productores confusos de una mentira de hechos verdaderos.

    Una de las primeras piezas que Domínguez ideó para la exposición es un cartel luminoso que nos daría la bienvenida de este modo: Greetings to the audience (Saludos a la audiencia). Con un estilo cercano a la propia imagen corporativa de la NASA, el luminoso parece indicarnos que penetramos en un espacio diferente al que estamos acostumbrados. Quizá porque se trate de una exposición o tal vez porque lo que desee mostrarse son los vestigios de una expedición espacial.

    En 19773 la NASA ponía en marcha un nuevo viaje al espacio haciendo despegar las naves Voyager 1 y Voyager 2 desde Cabo Cañaveral. Ambas alcanzaron el espacio interestelar teniendo como misión analizar el Sistema Solar. Natalia Domínguez toma la epopeya de explorar el espacio exterior desconocido para adentrar al espectador en un mundo lleno de enigmas, como podrían serlo los del arte. Así nos presenta una especie de escenografía con la que nos relata ese acontecimiento. Por un lado, hallamos la imagen en forma de telón o cortina teatral de 4 billion miles from Earth and about 32 degrees above the ecliptic (2017). Una vista de la Tierra desde la nave Voyager I que fue proporcionada por la propia NASA. Y, por otro lado, se nos presenta una sugestiva maqueta que reproduce la parte central de las dos naves idénticas, las Voyager (Voyager 1 de 2017). Pero, además, Voyager 1 y Voyager 2 emitían un mensaje sobre cómo era la Tierra en ese momento. Este hecho remarcable se identifica con dos vinilos metálicos que poseían junto a archivos sonoros de la Tierra, la grabación de saludos en 55 idiomas distintos, así como otros documentos que explicaban quién eran los humanos en ese momento. The Golden Records es el nombre que reciben estos dos discos de vinilo que la NASA decidió incorporar a bordo de las naves Voyager 1 y Voyager 2 y que Domínguez retoma manipulando su contenido. Así, como una capsula del tiempo que memoriza y da rigor sobre los habitantes de la Tierra, las naves enviadas por la Agencia Espacial Estadounidense saludan a aquellos seres lejanos: aquellos que están por llegar en el tiempo y en el espacio. A estas piezas se suma el texto que el presidente de los Estados Unidos de América, Jimmy Carter, escribió para acompañar la experiencia expedicionaria en un deseo futuro de unión entre civilizaciones intergalácticas. Y, por último, en una de las paredes de la sala junto a la escenografía de la misión de la NASA, una divisa de Carl Sagan la acompaña: There were other cultures and there would be future times (“Ha habido otras culturas y podría haber tiempos futuros”). Y ciertamente, siguiendo al científico estadounidense, han existido otras culturas en tiempos pasados al nuestro: otras artes, otras formas de pensamiento. Pero, también, esperamos que en tiempos futuros puedan existir nuevas formas de vida, de expresión y de cultura.

    En la aproximación a The Golden Record que Natalia Domínguez realiza en Greetings to the audience, podemos encontrar dos vinilos con instrucciones de cómo deben ser escuchados. Los discos originales, uno por cada nave Voyager, fueron manufacturados en metal y poseían un grabado con su modo de empleo. Junto a ellos una instalación sonora donde el público puede acceder a la escucha de saludos en 55 idiomas que se produjeron para el extraterrestre como en The Golden Record. Estas grabaciones pasan por una mesa de mezcla haciendo casi inidentificable cualquier idioma, cualquiera de los saludos. Probablemente la tergiversación del mensaje nos sitúe en el lugar de escucha de un ser exterior al sistema solar, quien no entendería nada.

    Una de las ideas principales que Natalia Domínguez quiere desentramar de la ficción de nuestras historias, de la veracidad de nuestros hechos y de lo ilusorio de nuestros deseos es la visión sobre un futuro. Es decir, un ideal sobre cómo sería nuestra vida, las expectativas sobre la existencia fuera de nuestro planeta o los procesos de conquista de lo desconocido. Por eso, Domínguez lanza cuestiones mediante imágenes y mensajes, con objetos y artefactos que existieron o podrían haber sido imaginados en un pasado. Todo ello con la intención de sumergirnos en la búsqueda de nuestra posición como agentes productivos de nuestra propia historia. Así, pretende desviar la mirada hacia un intento de trascender sobre nuestra propia existencia. Del mismo modo que el arte lo ha intentado en la historia de nuestra cultura culminando como parte simbólica de nuestra identidad. ¿Qué seríamos sin ciertas piezas de la Historia del Arte?

    Bajo la idea de construir un imaginario común, Domínguez comparte con nosotros su Archivo de relaciones casuales. Un proyector de diapositivas vintage que recoge lo que podría haber sido un archivo que rinde cuentas sobre una visión de lo humano en el futuro. No obstante, en este archivo visual sobre el porvenir, Domínguez altera de manera azarosa el orden de las imágenes componiendo una especie de Universe Random Files (unos archivos azarosos sobre el universo). En él podemos encontrar desde imágenes que pertenecen al famoso investigador Carl Sagan, pasando por una imagen ilustrativa de la Exposición Universal de Nueva York bajo el lema “The World of Tomorrow” (1939), la fotografía de una impresora o un grabado producido por Austen Henry Layard en 1851donde una misión expedicionaria extrae un Lamassu o, también, un fragmento del texto de una canción de los años 90’ que la propia artista manipuló para hacer un karaoke en el que sustituía la palabra verano por futuro.

    ¿Cómo será el día de mañana? ¿A qué porvenir asistirá la sociedad del futuro? Frente al espectador atendiendo al mañana que le será presentado ante sus ojos, Natalia Domínguez pone sobre la audiencia la posibilidad de crear y soñar sobre su futuro. De hecho, el juego entre extraterrestre-espectador nos hace sucumbir a una fórmula del intruso que penetra en un nuevo mundo. Con Black Holes pone énfasis en la intervención del público. Se trata de una especie de máquina del tiempo4 en formato juego de mesa que ha creado la artista. Con él pretende incitar a que la audiencia sea quien elija qué otra vida querría tener. Así a través de los black holes (agujeros negros) cada uno puede escoger en qué periodo de la Historia del Arte le gustaría existir y pasar un tiempo allí. Esta heterocronía en las manos de Domínguez explora el potencial de los viajes en el tiempo como forma de interpretación de las historias. Además la forma en la que están situados las 50 cajas de los Black Holes, unas sobre otras construyendo una figura, nos recuerda a cómo se apilan los artículos de consumo en los malls norteamericanos. Desde finales de los años 60’ los artistas Pop, a la cabeza Andy Warhol, bebieron de la propia cultura del consumo para representar un nuevo mercado del arte. Así, podríamos ver una continuación entre las Cajas Brillo(1968) de Warhol y los juegos de mesa de Natalia Domínguez en cuanto ambas se construyen con la intención de ofrecer un producto de consumo al visitante, como si de un supermercado se tratase. Esta idea explora de nuevo el papel activo del espectador, como consumidor o como usuario, pero también la forma en la que los objetos artísticos son mostrados en el museo.

    Quizá Natalia Domínguez esté penetrando en un lugar donde situar el conocimiento, el cuestionamiento de nuestras imágenes y formas de hacer. Un lugar bañado por la oscuridad desde el que una voz nos da la bienvenida. Quizá esté trazando un plano sobre las expediciones a momentos que nunca tendrán lugar. Un tiempo sembrado con el germen de la imaginación. Quizá, también, esté construyendo un archivo de casualidades sin ninguna causalidad, pero con toda intención. Los archivos son relatos de una memoria del presente. A pesar de todas las dudas que pueda albergar una ficción sobre la realidad, lo que sí podemos saber, a través de estos senderos sobre lo incierto que nos presenta Greetings to the audience, es que desde el futuro seguiremos inventando historias sobre nuestro pasado. Y de nuevo, deberíamos desconfiar de todo. Puesto que como reza una de las últimas piezas de Natalia Domínguez, un texto en una instalación lumínica en LED programado, Warning! This is not a true story (2018). ¿Y, entonces, cuál lo es?

    Johanna Caplliure


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    1Dear friends from red stars es un relato inspirado en la ficción de ficciones de la misma manera que Natalia Domínguez lo desvela en Greetings to the audience. Por eso, las red stars dust que producen el rayo rojo en la ficticia instalación de Pierre Huyghe pone en relación esa necesidad de comunicarnos con el mundo exterior que Domínguez rescata junto a las naves Voyager 1 y Voyager 2.

    2 Uno de los desafíos que apunta Natalia Domínguez en su producción es crear conexión entre las manifestaciones artísticas de diferentes momentos con el fin de manipular su significado, adaptarlo a otro momento histórico o demostrar la gran falacia de la propia historia en la cronología de etapas en el arte. Por eso, deseábamos unirnos a ese desafío mediante la propia Historia del Arte contemporáneo y actual con las figuras de Walter de Maria y Pierre Huyghe.

    3 En 1977 Walter de Maria producía una de las obras culmen del Land Art Lightning Field (Campo de relámpagos).

    4 En 1985 el Doctor Emmett Brown junto a Marty Mcfly construyen y ponen en funcionamiento la primera máquina del tiempo en Hill Valley, California. Se desconoce qué sucedió con la máquina, así como con sus creadores.